La inutilidad del sufrimiento
¿Qué está fallando en nuestro sistema de vida? ¿Cómo es posible que el 28 por ciento de la población sufra tales niveles de estrés que provoquen el 50% del absentismo laboral? ¿Por qué tienen tanto éxito los cursos que organizamos para combatir la ansiedad y el estrés? ¿Qué busca la gente? ¿Qué esperan encontrar? … Seguramente buscan lo que han perdido y, aunque en muchas ocasiones no sabrían definirlo, en realidad han perdido la ilusión.
Uno de los primeros aspectos que conviene trabajar cuando se ha perdido la ilusión, es volver a encontrar nuestra misión, esa meta que justifica nuestros esfuerzos y da sentido a nuestra vida. A veces, de forma muy clara, el análisis nos dice que tenemos que crear nuevos objetivos porque los antiguos quedaron obsoletos; sin embargo, con frecuencia ese análisis riguroso nos hace ver lo que ya no veíamos; nos ayuda de nuevo a encontrar el sentido a nuestros esfuerzos y utilidad a nuestro trabajo o sacrificio. Al final, ¡todos tenemos una misión! Porque el día que la persona no lo sienta así será el principio de su desaliento. Es difícil vivir sin dinero y más aún sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones. Para conseguir recuperar esas ilusiones tendremos que llevar a cabo cambios importantes en nuestra vida. A veces tendremos que conseguir desarrollar e implantar nuevos hábitos que nos permitan “poner nuestros pensamientos al servicio de nuestros objetivos”. ¿Alguna vez nos han enseñado a controlar nuestros pensamientos? No. Si yo me siento mal tengo fundamentalmente cuatro opciones:
- Desesperarme
- Intentar soportar esa situación lo mejor posible
- Intentar controlar los pensamientos que me provocan ese estado
- “Ir por delante”, controlar los pensamientos negativos o irracionales y poner en su lugar pensamientos más racionales y positivos.
¿Dejaríamos de comer y de beber para afianzar el control sobre nuestras necesidades fisiológicas? Sería absurdo porque lo único que conseguiríamos sería someternos a un calvario que, de persistir, terminaría con nuestra propia existencia. ¿Por qué entonces nos sometemos a calvarios absurdos enredándonos en pensamientos tan negativos como irracionales? Insistimos, no nos enseñaron a controlar nuestros pensamientos, ¡pero ya va siendo hora de que aprendamos a hacerlo!

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