El abrazo de la lluvia

No paraba de correr, se estaba ahogando a causa de la velocidad, le faltaba el aire, ¡no podía respirar! ¡No aguantaba más! Decidió parar. Paró, y entonces lo percibió.


La lluvia la mojaba, agradables gotas comenzaron a rozar su piel, sus ropajes, sus botas. Decidió descalzarse, sintió el agua recorrerla lentamente, como un lamento febril, requiriendo su atención, y ella se la concedió enteramente.

Cerró los ojos y dulces escalofríos danzaron sobre su cuerpo; mientras, una sonrisa se dibujaba en su rostro. Cuando los volvió a abrir, su sonrisa se ensanchó, ya que al alzar la mirada al cielo cayó en la cuenta de que estaba mojada, calada, envuelta en el abrazo de la lluvia.

Miró al frente y esperó su respuesta, mas la lluvia siguió con su cántico; ajena a su creciente júbilo, y la joven no pudo más que escucharlo con todo su ser, ella y la lluvia, vida frente a vida, naturaleza y naturaleza en libre comunicación: glop, glop, glop, glop, glop, glop, glop, glop...
Su amplia sonrisa evolucionó en carcajada, y la carcajada en saltos de alegría, alegría por vivir, alegría por escuchar a la mismísima lluvia, ¡alegría por haber decidido pararse y disfrutar de aquel regalo!, ¡¡¡alegría por tener la oportunidad!!!
NADIE CONSEGUIRÁ ARREBATARNOS ESTOS INSTANTES, nada es capaz de minar la belleza de la naturaleza, por más que lo intenten siempre habrá un lugar en el que un joven se maraville del sonrojo del alba, un anciano baile al son de la música, un niño goce del sabor de un helado.
Y, aunque en cualquier momento todo un mundo puede desmoronarse, cual edificio en demolición, los fétidos ladrones no pueden hacer nada para que dejemos de tener esa libertad.
Y, aunque sé que pueden, os digo que no, que no, que no, que todavía no van a arruinarnos.
Que todavía nos queda el abrazo de la lluvia, el sonrojo del alba, el grito del rock, el sabor del recuerdo, el olor del amor. Y es que el encanto de la vida, máximo sufridor del saqueo humano, sigue sonriéndonos cuando menos lo esperamos.




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